11 febrero, 2018

El Cruce por Centroamérica parte 2

Honduras

De entrada no me ha parecido muy hospitalario, no vi ningún letrero de bienvenida, en migración hay que pagar 3 dolares por entrar, la gente me ha parecido más bien reservada. Así pasé totalmente desapercibido en Ocotepeque. En la cima de el Portillo una pequeña comunidad me ha dejado acampar en uno de sus terrenos, ahí sí que me gusto la gente, muy amigable. Me ha tocado recorrer la parte montañosa de esa región en temporada de lluvias, tal vez eso también influencie en el carácter de las personas, en una de las etapas se me ha hecho de noche en la carretera y empezaba a lloviznar, me he sentido vulnerable, por fin vi un desvío para entrar en un pueblito llamado San Juan de Opadia. Me habían recomendado no pedalear de noche pues podría ser peligroso por las pandillas.

Acampando en el Portillo

Al entrar al pueblo lo primero que me encontré fueron pandillas de jovencitos, me di cuenta que me encontraba en una situación de riesgo pero ya no había marcha atrás así que les pregunté si conocían algún lugar donde pudiera acampar, alguno rieron y uno me respondió que no, estaba en lo que parecía el parque central del pequeño poblado, así que me dirigí a un local de abarrotes y pregunte a unas personas mayores, me recomendaron ir por la calle que va hacía el sur y preguntará en un restaurante que se encontraba en el camino a un señor que alquilaba cuartos. Al llegar al restaurante había dos mesas ocupadas una por un señor con sombrero vaquero y otra por tres personas dos hombres y una mujer que bebían cerveza, se veían ya con los efectos del alcohol encima. Di las buenas noches y pregunte quien es el que rentaba habitaciones, el hombre del sombrero me respondió y me dijo que esperara pues tenía que ir a ver si quedaba alguna habitación libre. Mientras me senté para esperar la vuelta del señor sonreí a la mujer que se encontraba con los dos hombres, los cuales al principio no me saludaron. Ella me devolvió la sonrisa y me preguntó de dónde venía, al responderle los dos hombres se interesaron y me invitaron a la mesa mientras ordenaban algo de beber para mi. Mientras me servían las preguntas de siempre no se hicieron esperar, uno de ellos me pregunto si me gustaba el peligro, le pregunté cuál peligro, a lo que el sonrió y me dijo, México, Guatemala, El Salvador y ahora Honduras… eso es peligro y en ese momento más… oh, respondí, yo no lo veo así, continuamos platicando y Yesster, así se llamaba mi interlocutor me dijo que él había viajado a México, su compañero también intervino diciendo que él también había viajado a México. Pero ambos coincidieron en que no les había ido muy bien, ni siquiera lograron llegar a la frontera con EE.UU. ¡Que mala suerte! Pensé… seguro no los trataron bien en México por ser centroamericanos, me sentí un poco apenado. Yesster me dijo que no me preocupara por el alojamiento que él me ofrecía posada, – nada le va a pasar mientras esté conmigo, aquí todos me respetan -. De pronto me sentí en una de esas pésimas películas de los hermanos Almada. Gracias respondí, en eso llego el señor del sombrero para informarme que no tenía habitaciones libres… – Oh está bien le respondí, aquí el amigo me acaba de ofrecer alojamiento -. El señor del sombrero se retiro, volví la mirada hacia la mujer que me sonreía amablemente, me parecía muy simpática, era bonita y algo despreocupada, transmitía cierta alegría, era como una flor en el desierto, creo que eso equilibraba la mala escena de película con un toque de poesía. La dueña del lugar, una mujer muy amplia nos advirtió que estaba por cerrar el restaurante y que ya no nos podía servir más cerveza, así que nos paramos y empecé a seguir a Yesster andando a pie empujando mi pesada bicicleta por la calle que por cierto estaba en pésimas condiciones, a los lados se encontraban los muros de las pequeñas casas viejas y en mal estado con varios jóvenes recargados en sus muros mientras nos observaban andar, saludé amistosamente mientras me veían como un bicho raro, Yesster grito, viene conmigo es amigo… parecía que caminaba con algo de miedo mientras seguía gritando que yo era amigo… una situación algo incomoda, como si fuera caminando con el loco del pueblo… bueno no sería la primera vez. Por fin después de caminar un par de cuadras llegamos a una puerta muy vieja de madera. Yesster abrió y encendió las luces del interior, me invitó a pasar, apenas pude entrar con la bicicleta. En el interior me encontré en un cuarto amueblado con una mesa de billar después había otra puerta que conectaba con una terraza amueblada también con una mesa de billar. Este es mi negoció me dijo Yesster, aquí puedes pasar la noche, – muchas gracias le respondí. Luego ambos empezaron a hablarme muy amistosamente. Yesster saco una cerveza de una como bodega y en seguida me dijo, México eh, estuve en México, pero me patearon el trasero dos veces y me regresaron a Honduras, no entiendo por qué la gente es así… quede helado, por un momento creí que se desquitaría conmigo, en cambio me dijo, pero yo te voy a demostrar que los Hondureños somos gentes, aquí te vamos a tratar bien, fue como una bofetada con guante blanco, quede en silencio y el otro amigo me dijo, no se preocupe, aquí va a descansar. Salieron echando llave por fuera dejándome solo, encerrado… sería una noche larga de pensamientos oscuros y tristes… a la madrugada eran como las 4 am me levante para prepararme mi avena con chocolate y miel de todas las mañanas, mientras hacia los preparativos me preguntaba si en verdad aparecería Yesster para poder salir, pensamientos absurdos como los de posible secuestro cruzaron mezclados de absurdas historias inventadas por mi enloquesida imaginación… terminé los preparativos del desayuno… eran como las 6 de la mañana y ya empezaba a aclarar, entre mi paranoia de previos pensamientos trate de pensar en posible maneras de escapar de mi encarcelamiento, encontré una puerta trasera que daba a un baldío rodeado por otras casas… tal vez esa podría ser una salida… después me cansé de pensar pendejadas y me puse a dormitar como a las 7:30 Yesster apareció dándome los buenos días, se veía más joven de lo que lo vi en la noche, me mostró mucho respeto y me deseo lo mejor en mi camino pidiendo por favor le enviará una foto cuando logrará llega a Colombia… nos tomamos una foto de despedida y me fui con un nudo en la garganta… es increíble como pueden operar los prejuicios en la imaginación de uno.
Con Yesster en San Juan de Opoe

Así en mi recorrido pasé por poblaciones interesantes como Gracias, San Miguelito, Yamaranguilla, La Esperanza, Intibucá, Jesús de Otoró, Siguantepeque, Comayagua, Zambrano, Comayagüela, Tegucigalpa, El Zamorano, Danlí, el Paraíso y mi salida por Las Manos…
Hacia la Esperanza

Hacia la Esperanza

La Esperanza

En ese trayecto conocí gente amable pero distante como no queriendo ser entrometida… hasta La Esperanza los cocheros se comportaron muy respetuosos y guardaban cierta distancia al rebasar sin Embargo después de La Esperanza que por cierto es un pueblo muy bonito y amistoso pareció que entré a otro país, los autos me pasaban muy cerca y en una ocasión hasta caí en un hoyo por culpa de un conductor que no me dejo pasar para esquivar el hoyo. Lo peor fue al llegar a Tegucigalpa, en domingo con muy poca circulación de autos y aun así cada auto que pasaba era un asesino en potencia… ¡que horror! Ni siquiera me dieron ganas de entrar a la ciudad por un comportamiento tan inhumano así que me seguí de largo… Los pueblos de Danli y el Paraíso son muy amistosos y así como a las 3pm del 24 de septiembre del 2017 llegué a las frontera de Las Manos para cruzar a Nicaragua…

0 likes Centroamérica
Share: / / /

Deja un comentario