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16/02/18 Centroamérica

El Cruce por Centroamérica parte 3

Nicaragua

Mis expectativas para conocer Nicaragua eran muy grandes, con una historia de lucha tan reciente habría que ver los resultados, después de ver el dominio tan grande que tiene EE.UU en países como México, Salvador y Honduras… de entrada me tuvieron tres horas en la frontera… pareciera que el acuerdo CA4 no aplicaba en Nicaragua la realidad es que toda la administración del país esta controlada desde el centro o sea Managua, dónde cualquier autorización administrativa tenía que llegar desde ahí. El agente aduanal se limita a mandar un mensaje desde su celular con mis datos y muchas respuestas a preguntas que me hicieron previamente al envío del mensaje, después hay que esperar la respuesta, se supone que antes de haber querido ingresar hay que llenar un formulario por internet en su pagina de migración desde donde le informan a uno si será admitido o no, entré varias veces a ese portal pero nunca me quedo claro cual era el formulario a llenar… en fin que mi primera impresión no fue muy positiva, además de que veía como a extranjeros Europeos o Estadounidenses pasaban sin el menor problema, parece que lo que les importa a esa administración es que pasen turistas con dinero, eso si que deja muy mal sabor de boca. Aun así me encontré a un Turco que también había sido interrogado y detenido un buen rato en lo que llegaba su aprobación, mientras tuvimos tiempo de charlar un rato, su nombre era Edip. Cuando por fin me autorizaron pasar tuve que pagar 20 dolares por tramites administrativos y de admisión.

Calles del pueblo Ocotal Nicaragua

Ya empezaba a oscurecer y el pueblo más cercano quedaba a unos 23 km, así logré llegar a el Ocotal de noche, con mucha hambre, había que buscar dónde acampar o conseguir algún hospedaje, opté por lo segundo y empecé a preguntar en hoteles, para mi sorpresa estaban llenos, por fin alguien me informó de una casa donde alquilaban cuartos muy económicos, era una casa de una familia al mando de una señora muy agradable, el hijo muy amable me recibió, se interesó por la bicicleta de bambú y las preguntas de siempre, en la parte de la conversación le comente un poco en broma un poco serio cuales eran los frutos de la revolución… ¿revolución? Me respondió el joven… ¡pura dictadura! Río un poco y cambiamos el tema. Descanse la noche y al día siguiente continué mi camino, la mala impresión de la administración se había borrado con la calidez de la gente en el Ocotal, así fui encontrando varios pueblos pequeños, sencillos, pasé por Apatoro, Totogalpa…

Muro en el pueblo Totogalpa Nicaragua

en ese pueblo a la entrada decia algo como cuna de la revolución, entre, había un parque muy bonito y un museo sobre la revolución pero estaba cerrado, me senté un rato en el parque donde había wifi gratis… de hecho en todo Nicaragua en los parques públicos hay wifi gratis. Había un grupo de jóvenes con uniforme escolar, parecían como de secundaria, me veían y murmuraban entre ellos, uno decidió acercarse y empezar a interrogarme, en sus pregunta siempre aparecía el tema del dinero, el costo de la bici, la marca de mi celular, cuanto dinero llevaba, parecía que era lo único en lo que se interesaba, fue un poco decepcionante, ellos rodeados de una hermosa naturaleza y en un pueblo más o menos bien cuidado buscaban la riqueza únicamente en el dinero y las marcas de las grandes corporaciones, eso para mi sorpresa fue una constante con la que me fui encontrando a lo largo de mi recorrido por Nicaragua, como si la revolución en vez de haber influenciado en el despertar de una conciencia más rica en su entorno los hubiera reducido a sentirse miserables, pobres, deseando tener una vida más aburguesada. Aunque es muy ligero de mi parte generalizar toda esa región, es lo que me tocó ver en la ruta que recorrí. Aun así haciendo a un lado sus deseos pequeño burgueses la gente me pareció muy alegre y rumbera. Ese mismo día me agarró la noche nuevamente en el camino, no llevaba luces y curiosamente de noche se intensificaba el paso de los trailers que me pasaban a muy poca distancia, iba muy nervioso queriendo llegar a Estelí pero entre más quería llegar más lejos me parecía la posibilidad de llegar, no veía dónde se pudiese acampar, el suelo estaba anegado, pantanos por doquier y los camiones y trailers no dejaban de pasar, por fin vi un claro donde acampar, me paré enfrente de una fábrica a medio construir, había un guardia en la entrada, le pregunté si había algún problema en acampar enfrente donde estaba el terreno baldío, me dijo que no creía que hubiera problema pero que mejor acampara dentro de la fábrica, ahí estaría más seguro, además tenía un almacén donde estaría a salvo de la lluvia, tenía un compañero y ambos fueron muy amistosos, me prepararon café y me convidaron un poco de pan y galletas, uno de ellos me regaló un chaleco reflejante para que me viera más nicaragüense.

Interior de la fábrica donde acampé cerca de Estelí

Al día siguiente muy temprano pasé por Estelí, era una ciudad pequeña aunque a mi me parecía grande en ese momento, estuve explorando un poco, los precios de los hoteles eran caros y no se veía por dónde pudiera acampar.

Parque central de Estelí

Así que como era temprano continué mi camino, pasé por otros pueblos hasta llegar a Sébaco, un poblado rodeado por campos de arroz, estaba infestado de zancudos, pregunté a la gente si había bomberos en la ciudad y me dieron las direcciones de como llegar. Era una estación muy humilde pero fui recibido inmediatamente por una comandante a cargo de la estación, era alta, delgada, muy bonita y de carácter fuerte, una convencida de la revolución, no me había tocado ver muchos personajes así, me indicó el lugar donde podía poner mi carpita y más valía apurarme porque entre más noche se hacía más zancudos había.

Estación de bombero en Sébaco

La jornada del día siguiente fue larga, llegué hasta Masaya, pueblo que estaba de fiesta, me tocó ver lo mejor del carácter Nicaragüense, llegué a otra estación de bomberos para pasar la noche y al día siguiente decidí rentar una habitación por $4 dolares para pasar más tiempo en esa ciudad.

Masaya

Ahí fui testigo y participante de una como pamplonada, donde sueltan a los toros en las calles para que la gente corra despavorida, fue divertido y aterrador al mismo tiempo. Está permitido tomar en las calles, así que esos días hay mucha gente bajo el influjo del alcohol, no se ve violencia por ninguna parte, es un ambiente familiar y amistoso.

Fiesta en Masaya

Estuve dos días más en ese pueblo y después ya me dirigí hacia Granada no sin antes pasar a conocer la Laguna de Apoyo, donde hay hostales y proyectos ecológicos, es muy bonito, se baja en una pendiente bastante inclinada hasta llegar a los hostales, la cosa es regresar, la subida es algo dura.

Laguna de Apoyo, proyecto ecológico

Al llegar al camino que me lleva a Granada decidí tomar el de terracería cuando iba hacia allá un motociclista me advirtió que era muy peligroso irse por ahí ya que estaba lleno de “tucos” o pandilleros que roban… como la gente tiende a exagerar continué mi camino, sin embargo debo admitir que el motociclista tenía razón esta vez, así que di la vuelta y mejor tomé el camino de la carretera pavimentada. Así pasé por la hermosa Granada donde me quedé dos días.

Ciudad de Granada

Después fui a la isla de Ometepe donde se encuentran dos volcanes, uno de fuego y otro de agua, hay que abordar un ferry que tarda una hora en llegar aprox.

Abordo del ferry a Omotepe

Apenas alcancé el último, así que cuando llegamos a puerto en Moyagalpa ya había oscurecido, pergunte en el primer hostal que encontré y me dejaron estar por 3 dolares.

Puerto de Moyagalpa

Ahí me encontré nuevamente al Turco Edip, así que tuvimos más tiempo de platicar e intercambiar información. Al día siguiente salí hacia Santo Domingo al otro lado de la Isla. Todo era encantador hasta que empezó a caer una tormenta muy fuerte, según los informes de la dueña de la casa donde me permitieron acampar sería una tormenta que duraría tres días! Ummm… pensé que no me quería quedar tres día y salí rumbo al puerto nuevamente en medio de la tormenta, nunca había pedaleado en medio de un evento así, viento, brisa, fue bastante interesante pues en la isla uno se encontraba muy a salvo de la que se conociera como la tormenta Nate de la que nadie en la isla imaginaba lo dañina que había sido para Costa Rica principalmente. Así que volví a Moyagalpa en medio de toda esa lluvia y el hostal estaba lleno de gente que no se podía ir ya que no había embarcaciones que los llevaran al otro lado de la orilla. Nuevamente me encontré con Edip, así que pasamos más tiempo conversando de distintos temas. Pasados los tres días justos pudimos abordar el ferry, mucha gente perdió sus vuelos y para no responsabilizarse de sus acciones prefirieron culpar a los Nicaragüenses.

Salida de Ometepe, vista del volcan

Al llegar al otro lado tenía pensado cruzar la frontera de Costa Rica ese mismo día por Peñas Blancas.

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